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¿Cuándo hay que cambiar los neumáticos?

Los neumáticos son el único punto de contacto del coche con la carretera y su estado influye directamente en el agarre y la capacidad de frenado. Por eso, conviene revisarlos de vez en cuando, aunque no hayamos notado ningún problema al conducir. ¿En qué debemos fijarnos para saber si ha llegado el momento de cambiarlos? Te lo contamos en el artículo de hoy.

El dibujo es una de las primeras señales. Los surcos de la banda de rodadura ayudan a evacuar el agua y mantener la adherencia, especialmente cuando llueve. En España, la profundidad del dibujo no puede ser inferior a 1,6 milímetros. Para comprobar el desgaste, podemos fijarnos en los testigos que incorporan los neumáticos en sus ranuras principales. Si la superficie queda al mismo nivel que estos indicadores, toca sustituirlos. Eso sí, es mejor no esperar hasta ese límite para cambiarlos.

También debemos prestar atención a posibles grietas, cortes o bultos en los laterales. Estas señales pueden indicar un deterioro que comprometa la seguridad, incluso si el dibujo todavía parece estar en buen estado. Si detectamos alguna deformación o un daño importante, lo recomendable es acudir a un taller para que un profesional valore si podemos seguir circulando.

Otro indicador es el desgaste irregular. Si un neumático está más gastado por los bordes, por el centro o por uno de sus lados, podría existir un problema de presión, alineación o suspensión. En estos casos, no basta con cambiar las ruedas: conviene identificar la causa para evitar que los nuevos neumáticos se desgasten de la misma manera.

El paso del tiempo también influye. Aunque el coche recorra pocos kilómetros, los neumáticos envejecen por la exposición al sol, los cambios de temperatura y las condiciones de uso. Por eso, además de revisar el dibujo, debemos comprobar su estado general y consultar con un profesional si presentan signos de deterioro.

En definitiva, para prevenir problemas, revisa la presión al menos una vez al mes y siempre con los neumáticos en frío, siguiendo las indicaciones del fabricante. Una inspección visual periódica y la atención a cambios como vibraciones o pérdida de estabilidad pueden ayudarnos a detectar anomalías a tiempo.

 

 

 

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