Durante los meses de verano, dejar el coche aparcado al aire libre durante varias horas puede convertir el interior en un auténtico horno. Cuando llega el momento de volver a ponerse al volante, muchos conductores actúan por inercia para combatir el calor, pero algunas de esas decisiones pueden resultar poco eficaces e incluso perjudiciales para el conductor y para el vehículo.
Tras varias horas expuesto al sol, la temperatura en el habitáculo puede superar ampliamente la del exterior. El volante, los asientos, el salpicadero o los cinturones de seguridad alcanzan temperaturas muy elevadas, por lo que conviene actuar con cierta precaución antes de iniciar la marcha.
Uno de los errores más frecuentes es arrancar inmediatamente y conectar el aire acondicionado al máximo con las ventanillas cerradas. Aunque parece la solución más rápida, lo recomendable es ventilar primero el habitáculo durante unos segundos para expulsar el aire caliente acumulado. De esta forma, el sistema de climatización trabajará de manera más eficiente y se alcanzará una temperatura confortable antes.
También es habitual tocar determinadas superficies sin comprobar antes su temperatura. El volante, las hebillas metálicas de los cinturones o algunas zonas del salpicadero pueden provocar pequeñas quemaduras o molestias, especialmente cuando el vehículo ha permanecido expuesto al sol durante toda la mañana o la tarde.
Otro error consiste en ignorar los síntomas de fatiga provocados por el calor acumulado. Aunque el aire acondicionado termine enfriando el interior, los primeros minutos dentro de un coche extremadamente caliente pueden generar sensación de agobio, cansancio o falta de concentración. Por eso, conviene esperar unos instantes antes de iniciar un trayecto largo y asegurarse de que la temperatura interior es adecuada.
Tampoco es recomendable dejar objetos sensibles al calor dentro del vehículo. Teléfonos móviles, dispositivos electrónicos, medicamentos, gafas graduadas o envases presurizados pueden deteriorarse o sufrir daños cuando permanecen durante horas sometidos a temperaturas extremas.
Además, muchos conductores olvidan que el calor también afecta a determinados elementos mecánicos. Aunque los vehículos están preparados para soportar altas temperaturas, revisar periódicamente los niveles de refrigerante, el estado de la batería o la presión de los neumáticos resulta especialmente importante durante el verano, cuando las exigencias térmicas son mayores.
Otro aspecto que suele pasar desapercibido es la presencia de niños, personas mayores o mascotas. La DGT recuerda cada verano que nunca deben permanecer dentro de un vehículo estacionado al sol, ni siquiera durante unos minutos. La temperatura puede aumentar muy rápidamente y generar situaciones de grave riesgo para la salud.
En definitiva, cuando un coche ha pasado muchas horas al sol, el objetivo no debe ser únicamente enfriarlo cuanto antes, sino hacerlo de forma segura. Ventilar el habitáculo, reducir progresivamente la temperatura interior y prestar atención a los efectos del calor sobre las personas y el vehículo son pasos sencillos que ayudan a evitar problemas y hacen el viaje mucho más cómodo.
