Cuando pensamos en los peligros al volante, solemos fijarnos en la velocidad, el cansancio o el estado de la carretera. Sin embargo, hay un factor mucho más cotidiano que también influye directamente en la seguridad: la alimentación. La Dirección General de Tráfico (DGT) advierte que conducir con el estómago vacío puede convertirse en un riesgo real, especialmente en trayectos largos.
No comer antes de ponerse al volante no solo genera sensación de hambre, sino que también afecta a la atención, altera los reflejos y reduce la capacidad de reacción. Y en carretera, cada segundo cuenta. Una reacción tardía de apenas unas décimas puede ser suficiente para no frenar a tiempo ante un obstáculo, no detectar un vehículo que se aproxima o desviarse de la trayectoria correcta.
Según recuerda la DGT, la falta de alimento potencia la fatiga, la somnolencia y el descenso de atención, factores que están detrás de un elevado porcentaje de siniestros. El error humano sigue siendo la causa más frecuente de los accidentes, y conducir en ayunas puede aumentar significativamente esa probabilidad.
El cuerpo necesita energía constante para funcionar correctamente. Cuando se saltan comidas o se pasan muchas horas sin ingerir alimentos, pueden producirse bajadas de azúcar o hipoglucemias que deterioran el rendimiento físico e intelectual. El conductor puede sentirse más cansado, irritable o nervioso, con menor capacidad de concentración y toma de decisiones.
Sobre este asunto la DGT no recomienda comidas copiosas antes de viajar, ya que también pueden provocar somnolencia y pesadez. Lo ideal es optar por una comida ligera que aporte energía sin dificultar la digestión. Verduras, hortalizas, carnes magras como pollo o pavo, pescados blancos y frutas frescas son opciones más adecuadas que platos muy grasos, fritos o abundantes.
También es fundamental mantenerse hidratado. Incluso una leve deshidratación puede aumentar la fatiga muscular y reducir la atención. Durante desplazamientos largos, se aconseja realizar paradas cada dos horas o cada 200 kilómetros para descansar, hidratarse y, si es necesario, ingerir algún alimento ligero.
Por el contrario, conviene evitar comidas muy grasas, salsas abundantes, bebidas gaseosas o estimulantes en exceso, ya que pueden favorecer la pesadez o la acidez. Y, por supuesto, recordar que el alcohol es incompatible con la conducción.
En definitiva, conducir en ayunas puede parecer un detalle sin importancia, pero tiene efectos directos sobre la seguridad. La alimentación forma parte de la preparación del viaje, igual que revisar el vehículo o planificar la ruta.
